¿Tenemos hambre todo el tiempo o el tiempo nos genera hambre? ¿Canalizamos nuestras emociones y sensaciones a través de la comida de forma impulsiva o racional? 

 




Seguramente cada familia atraviesa estas sensaciones y momentos de forma particular, con mayores y menores necesidades; con más o menos recursos, pero lo cierto es que estos procesos van más allá de las condiciones socioeconómicas de cada uno, porque afectan a las personas y sus emociones en su totalidad.

Por eso es el momento de diferenciar el hambre real del hambre emocional

Denominamos hambre real cuando se come por necesidad, para cargar de energía el organismo; y hambre emocional cuando ingerimos alimentos por impulso según nuestro estado de ánimo: ya sea porque estamos felices, tristes, ansiosos, aburridos, etc.

Lo más probable es que, debido al aislamiento y al estar tanto tiempo en casa haya aumentado el hambre emocional. Esto hace que nos movamos poco, hacemos las compras menos veces a la semana (acumulamos alimentos) y, a veces, el tenerlos a disposición nos tienta más, sobre todo los dulces.

Por eso es importante estar atentos y poder distinguir estas situaciones y generar prácticas y hábitos saludables para mejorarlas.

Poder registrar cuántas veces al día comemos, Qué comemos… cómo comemos… con quién… si disfrutamos y le dedicamos tiempo a la comida ….

La pandemia además de incertidumbre, temor y stress, genera ansiedad, lo cual puede llevar a la ingesta excesiva de alimentos y no precisamente los saludables, sino que se buscan comidas o  alimentos que  den placer y calmen la ansiedad. Generalmente son bebidas dulces, alcohólicas, o alimentos con un alto valor calórico.

Si estas acciones se realizan de vez encuanto no hay que alarmarse y está bien que, si podemos, nos demos esos gustos de forma consciente y ordenados. El inconveniente surge cuando estas ingestas comienzan a hacerse con una mayor frecuencia y cada vez que emocionalmente estemos necesitando reducir esa carga busquemos en la comida la solución.

Recomentamos:

- En caso de ser posible organizá un menú semanal

- Comprá lo justo y necesario.

- Cociná comida casera junto a toda la familia. Generar momentos compartidos en familia ayuda emocionalmente y nos mantiene unidos e integrados.

- Descansá. Esto ayuda también a la correcta metabolización de los alimentos.

- Dedicale 30 minutos al día para realizar alguna actividad física en casa o salí a dar vueltas a la manzana, siempre respetando los horarios de circulación permitidos.

- Realizá alguna actividad que te relaje, distienda y guste. Esto mejorará tus emociones y estados de ánimo. Tratá que la distención no sea motivo para ingerir alimentos de alto contenido calórico de forma recurrente.